C’est la vie, Dorothy

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Creí que era una aventura, y en realidad era la vida

Joseph Conrad


 La parte que más he disfrutado es en la que Dorothy da un paso de gigante en su metamorfosis y consigue un trabajo como maestra de escuela. Orwell conocía sobradamente este escenario pues también trabajó en una escuela de West London. Esto le dio la oportunidad de asistir al triste espectáculo de las escuelas privadas de la época. Las carencias morales que implica la mercantilización de la educación. Dorothy llega a Ringwood House, propiedad de la señora Creevy, que se vanagloria de no haber perdido el tiempo en leer un libro en su vida. Para muestra, un botón.


 En un primer momento Dorothy se vuelca en cambiar el destino de sus alumnas. Emocionada, pletórica, cree haber encontrado su vocación. Pero por supuesto, en el reino de la ignorancia los rayos de razón son una temeridad. Y Shakespeare será la gota que habrá de colmar el vaso. Aguantará estoicamente ante unos padres que le acabarán soltando la verdad, que no envian a sus hijos al colegio a entender nada, que sólo tratan de educar decentemente a sus hijas y ahorrarles saber nada sobre los hechos de la vida. Y en silencio claudicará, teniendo muy presente el gran mandamiento moderno, el undécimo mandamiento que impera sobre todos los demás: “Conservarás tu empleo


 Pero a pesar de sus esfuerzos por ceñirse a los deseos de la dueña de la escuela, la señora Creevy la despedirá de buena mañana… Dorothy ha pasado penalidades, ha estado a punto de morir de hambre en las calles de Londres, pero es ahora cuando recibe el golpe más duro. Justo en el momento en el que encuentra su lugar en el mundo, se ve obligada a madurar, y a renunciar a ese lugar. Esta lección de vida termina de forjar el carácter de Dororthy. La misma bondad, lo que se espera de ella, lo que podría ser, lo que no fue, lo que queda, tristeza dosificada, arranques de ilusión, esencia de melancolía, víctima de un sistema donde se premia la docilidad y se proscriben la inteligencia y la creatividad. Y al final del libro observamos una Dorothy que nos transmite más serenidad, víctima, pero consciente al menos, ¿hemos caído en el sistema de la mano de Orwell?

 

*La imagen esta vez es un grabado del Museo Internacional del Estudiante

5 comments

  1. Ufff… por un momento he olvidado que estábamos comentando una obra de ficción y he creído que hablabas de alguna amiga tuya perdida en la vorágine de los tiempos que corren. Lo cierto es que yo he conocido a alguna que otra Sra. Creevy (en señor y con carrera universitaria incluso y sin embargo taaaaan parecidos…).
    Lo bueno de este Orwell dickensiano es que se le entiende todo muy bien… lo malo es que lo que se le entiende es demasiado triste y demasiado actual.
    La Dorothy del final del libro no me transmitió serenidad sino resignación. No es lo mismo, lo segundo duele más. Creo.
    Tengo que decir que el libro me gustó mucho en su día, pero que cuando lo recuerdo, con la distancia que da el tiempo, me gusta aún más, porque el autor aplica el bisturí a una sociedad que parecía que había tocado fondo y que acabó remontando el vuelo… pero se quedó prácticamente en el mismo sitio… ay… 

  2. Chusigoza

    Dorothy pierde su fe religiosa por el camino. Me extraña que hubiera sobrevivido a un padre clérigo cuya empatía por quienes le rodean era menor que 0, que ya es decir.
    En ese viaje por la Inglaterra de principios del siglo XX, Dorothy pierde mucho más, pierde la esperanza. Entra en el debate interior de alguien que ha recibido una formación imbuida por la religión y la creencia ciega en un ser superior y, de pronto, descubre que la vida no responde a esos cánones: 
    "[…] Vio con claridad que no había nada que pudiera sustituir a la fe, ni la aceptación pagana de la vida como algo autosuficiente, ni las animosas bobadas panteístas, ni la pseudoreligión del progreso… Es todo o nada. O la vida en la tierra es la preparación de algo mayor y más duradero, o carece de sentido y es sombría y terrible" … "Y, al fin y al cabo, qué cobardía era lamentarse por haberse librado de una superstición… ¡desear creer en algo que uno sabía que no era cierto!"
    Poco después, concluye: "…la fe y la falta de fe son casi la misma cosa cuando uno se dedica a algo útil, acostumbrado y aceptable"
    Parece que Dorothy entra en una 'huida hacia delante'. Coincido con Francesca, no me transmite sino resignación empapada de falta de horizontes.
    ¿Me creeréis si os digo que yo mantuve la esperanza de que todo lo ocurrido sirviera para cambiar su vida, para que tomara otro rumbo, una vez lejos de su padre, del pueblo, una vez descubierta su 'vocación' por la enseñanza, sus cualidades, su capacidad de supervivencia en un medio hostil? Tonta de mi, como si estuviera leyendo a Jane Austen y no a George Orwell.
    Se me ha quedado un cuerpo tras la lectura, uuufff!!! 

  3. CONSUELO

    Me esta resultando totalmente desconocido este Orwell,a medida que voy leyendo (llevo retraso), en muchos momentos me parece una obra de Jane Austen,en serio,totalmente desconocido el Orwell de "1984" y de "Homenaje a Cataluña "o de "Rebelion en la granja".El padre clerigo me recuerda al verdadero padre de las hermanas Bronte,con lo cual no me estraña que Dorothy pierda la fe por el camino….Como no he terminado el libro mantengo cierta esperanza en la heroina del relato,pero conociendo al autor mucho me temo que a nuestra Dorothy nada le va salir como espera…ya os ire contando como se me queda el cuerpo…Despues de leer a Chusigoza,me temo lo peor.

  4. Francisca

    Como me suele ocurrir cuando leo un libro o una película, y el libro o la peli van por la mitad y empiezo a preguntarme ¿cómo será el final???. Todos sabemos que un buen final es como un broche de oro para una buena obra, y a mí me gusta ir imaginando qué pasará y si acierto o no. Así que, me ha gustado cuando llego al final, y me encuentro a Dorothy, haciendo lo mismo que al principio: su listas interminables, sus visitas, los disfraces, la casa, ocuparse de su padre… Todo, aparentemente igual, pero con ese gran cambio que ha experimentado en su interior. Reconozco que por un momento casi estaba convencida de que se casaría con Warburton!!!!. Ese matrimonio, quizá si habría sido fruto de la desesperanza, de la resignación; pero ella elige seguir su vida en solitario, ser soltera, su pobreza…  A mí sí me parece que Dorothy alcanza la serenidad. Y de hecho, su reacción ante la propuesta de matrimonio, descubrir tan pronto que era un juego más de Warburton, demuestran que Dorothy es lista, y además que decide afrontar su propio destino.
    En cualquier caso, el libro, como comentan Francesca y Chus,  resulta tan actual que nos deja un poco traspuestas..

  5. Karmele Aguayo

    Ay amigas…. si yo ya venía avisando, parece Dickens, pero es Orwell!!

    Y Orwell estaba herido de muerte por la realidad. La verdad es que parecen las dos partes de una moneda, ambos con un potencial narrativo increible y ambos conscientes de la gravedad de los problemas y las injusticias de su tiempo, y dispuestos a la denuncia. Pero parece que cada uno de ellos se afanó más en uno de esos dos frentes. Diez años después de esta obra llegaría 1984, donde ya está claro que para Orwell la literatura es más un medio que un fin.

    Quizá esa es una de las razones por las que me gusta tanto este libro, esa evolución me parece tan (buscando adjetivo) noble, creo que es un proceso sincero que sufre el autor y sufre su obra. Me lo creo.

    La otra razón viene de la propia estructura del libro, es un soplo de aire fresco en la cara. Se hechan en falta libros capaces de romper las normas. Los ingredientes de este libro son un conjunto de tópicos típicos de la época, el clérigo, la hija en apuros, la cotilla, la maestra, la pobreza de los suburbios de Londres… y sin embargo la obra en sí me parece bastante rompedora. Es mucho más fácil encontrar algo así en los "clásicos" que en los "modernos", supongo que todo el mecanismo comercial alrededor de la literatura tiene mucho que ver. Aunque de vez en cuando, -ahora me doy cuenta de que es el mismo fenómeno que me ocurrió con "Una historia iraní de amor y censura"-, de vez en cuando encuentro una sorpresa.

    Sigo a la caza de otra.

Utzi erantzun bat

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