SIEMPRE SUJETAS UNA CUERDA QUE TE CONDUCE HASTA TUS HIJOS

Ecografías es un relato que nació para una publicación colectiva llamada “Historias del 8 de marzo” y abre “Heridas Crónicas”, el libro  de Karmele Jaio que comentamos este noviembre.

 

Cuenta la historia de una mujer que emprende un viaje a África con un destino muy cierto, la maternidad. Un viaje que inicia acompañada de sus miedos y sus recuerdos, del recelo, y sobre todo de su hermana mayor.

 

Es un texto de esos que te tocan, de esos que le salen a Karmele Jaio. Porque más que escribir, esta mujer siembra las palabras, y sus libros terminan por estar siempre compuestos por el texto y por todo aquello que evoca en ti.

 

En general un relato es fruto de la improvisación de un escritor, no requiere del trabajo de construcción de trama y personajes que impone una novela. Narra una historia y despierta una emoción. Incluso muchas emociones, pero ya no en mano del autor.

Por eso para este primer post, he hecho un pequeño experimento. Algunos de vosotros habéis recibido este relato por correo, junto a la petición de que me contaseis cuál era vuestra emoción. Ante todo, mi agradecimiento, y después una buena noticia, el éxito del experimento. La magia de leer y la magia de compartir, en eso consistía, ¿no?

Una compañera destacaba a alguien que ante mis ojos, pobretico, había pasado sin pena ni gloria, Gari: “Como habla de la distancia que les iba separando poco a poco a los dos, cómo pensó en que un hijo llenaría ese espacio, y al darse cuenta de eso decide dejar la relación. Lo que me hace pensar en que quizá, su deseo de ser madre, (en el relato no habla de deseo, sino de un sueño sobre ella pariendo) es más una necesidad de llenar un vacío. No sé si el que siente ella, o el que le hace sentir la “sociedad” en general, ya que, al estar soltera, como que siempre le va a faltar algo para poder completarse.”

Un párrafo repleto de sensaciones que yo había pasado por alto, en especial, la duda de si la maternidad es un deseo propio o un sueño que la sociedad alimenta generación tras generación y un aviso a navegantes: llenar un vacío cuidando de alguien, que en el caso de un hijo tiene la ventaja de ser moldeable.

Otra amiga enfatizaba cómo al personaje principal “le han dejado ser tan poco prota de su vida que ni siquiera se dice cómo se llama”, tampoco yo había reparado en ello, pero es cierto, realmente casi todo el relato habla de cómo ven los demás lo que ella hace en cada momento. Sin contar con que, cada vez que contamos lo que ven de nosotros, probablemente nos estamos equivocando.

 

Mientras vais rellenando esta página con vuestras opiniones, os adelanto alguna de las mías. Yo destacaría sin duda la descripción del parto, preciosa, y a la vez, dura y tan intensa, que me cuesta ponerla en boca de alguien que no ha parido…

Para los que aún no hayáis leído el relato, os dejo un aperitivo. Es un pequeño fragmento de la adaptación para el teatro, que la compañía Makiescenica, bajo la dirección de Ramón Barea, e interpretada por Irene Bau, ha hecho del texto.

 

 

Y en vista del éxito, preparaos a recibir el siguiente…

 

* Ilustra el post el cuadro “Una madre”, de Honoré Daumier.

4 comments

  1. Chusigoza

    Una mujer sin nombre nos cuenta todo su “embarazo” (el soñado, el proceso de decisión, el viaje, la estancia en Etiopía…) y su “parto” (ya en el avión de vuelta, con Amina en sus brazos).

    Interpreto la separación de Gari como la constatación de una realidad. Cuando piensa que un hijo quizá llenara el vacío que existe entre ambos, repara que ese vacío es el problema. Los hijos no pueden llenar un vacío entre pareja. Los hijos nacen del amor, ya sea al otro, ya sea a la vida en sí misma. El ansia de perpetuar la especie tampoco me parece una explicación, más allá de la biología, porque se ama a un hijo al que no has parido, un hijo que no tiene tus genes.

    La metáfora de la cuerda de la campana me parece bellísima, “cada campana moviendo el mundo”. Soy madre, mi hija está lejos, en otro país, pero cada vaivén de su ánimo hace que suene mi campana, doy fe.

    Cada paso que da desde que recoge a Amina hasta el avión es una contracción, una sensación dolorosa repentina cuando se aleja de Mamo y su historia, del orfanato donde Amina ha vivido desde que vino al mundo, cuando la aleja del entorno que conoce para unirla con la cuerda a ella, a sí misma, una mujer sola que no acierta a meter su bracito por la manga de la ropa de su prima Mikele, una madre primeriza con las mismas dudas que todas las madres tienen…

    Esa sonrisa que Amina quiere dibujar con sus manitas en la cara de su madre, ese gesto que a la niña le faltaba para reconocer en ella a la madre, a la persona que ata su cuerda para tocar su campana, es el culmen del conmovedor relato. Parece la señal de que Amina también la ha adoptado, la ha aceptado y ya puede buscar en su regazo el amoroso nido que una madre ofrece a sus hijos cuando ya no están en su vientre, aunque nunca hayan estado en su vientre.

  2. Francisca

    Yo quiero destacar las dos citas maravillosas sobre los silencios, lo que no contamos, todo eso que nos guardamos para nosotros mismos, y que a veces impide que los demás nos conozcan, o sepan exactamente qué nos pasa. Creo que en las familias, y las parejas se dan mucho estas imágenes de enterrar las palabras.

    “Pensé que le había ocurrido como a mi padre, que de tanto tragarse las palabras y los sentimientos, había sentido el frío del acero en el estómago. Y en lugar de enterrar las palabras bajo tierra, como hace mi padre con el arado, para que nadie las pueda ver, Mamo había decidido soltarlas. Meterlas en aquel avión, para que viajaran lejos, para librarse de ellas”.

    Y esta otra también me parece genial:

    “Las citas para idoneidad me removieron por dentro, como el arado remueve la tierra que se va a sembrar. Recordé a mi padre labrando la tierra mientras cada pregunta me desnudaba por dentro. Preguntas afiladas como cuchillos. Recordé a mi padre, con los ojos fijos en la tierra, removiéndola con rabia, como si quisiera enterrar allí las palabras que se le han quedado estancadas durante toda una vida. Todas las palabras no dichas que ya empiezan a doler”.

    • Mari Carmen

      Nuestra protagonista acerca un hecho innovador a su entorno: la adpción, la ausencia de genes, ausencia de esa unión a través del cordón umbilical.Quiere que su entorno respete su decisión y surge la contradicción:no deja de soñar con un embarazo y un parto real, una vida dentro de otra.Ella no está tranquila hasta que, ya de vuelta en el avión, esa niñita inexpresiva y asustada se aferra a ella físicamente, lo más parecido a una contracción para ella.

  3. Karmele Aguayo

    Me alegro de que os haya gustado, es imposible que no te toque algo por dentro

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