Adiós muñeca

"Si no me hubieran educado en el latín y el griego, dudo de que hubiera sabido tan bien dónde trazar la línea muy sutil entre lo que llamo estilo coloquial y lo que llamaría estilo analfabeto o faux naïf"

Música: At Last, Etta James

Estamos a día 28, se nos echa el tiempo encima para escribir el post con el que cerrar el debate sobre Adiós muñeca y no se me ocurre por dónde empezar. Ayer por la tarde Enrique y yo estuvimos hablando sobre este tema ¿qué decimos? ¿en qué aspecto incidimos? Pasa a veces que nos enzarzamos en discusiones con el solo objeto de divertirnos hablando de literatura y siempre encontramos puntos de vista diferentes a los que sacar un poco de punta, para pasarlo bien, pero también para contrastar opiniones y aprender. Pero esta vez es diferente, porque siento que, pensando lo mismo en lo fundamental, hemos cristalizado nuestra devoción a Chandler de formas muy distintas y no creo que consigamos hacer que converjan.

En nuestra charla de ayer, Enrique dijo cosas muy bonitas, cosas como que su escritura tenía un carácter moral, cosas como que “Chandler valoraba una actitud tierna y cálida hacia la vida. Puedo enumerar las características del mundo de Chandler, pero prefiero decir que Marlowe vuelve a su cocina desangelada, donde sin embargo, siempre hay un café preparado, esas dos ideas: la soledad y el café, resumen la vida de Marlowe, y la forma de ver la vida de Chandler; la vida es dura, pero podemos hacer algo para hacer esta travesía un poco más tierna y dulce”, y sin embargo, yo, partiendo de la misma idea, no puedo llegar a la misma conclusión. Siento que después de haber leído El simple arte de escribir he perdido la capacidad de separar al escritor de la persona. Y no puedo ver una escritura solamente moral en alguien tan extremadamente lúcido.

Me enamoré de Chandler como solo lo hacen las colegialas: sé que todas sus novelas me gustarán, que cualquiera de sus cartas me parecerá sublime… Pero yo no creo que él desease dulcificar un mundo al que renunció, para poder ser feliz lejos de los convencionalismos y no sucumbir a esa vida de mentirijillas, a la que nos vemos limitados si queremos cumplir con los preceptos sociales… Opino en este punto que Chandler, desde la distancia que tomó, era capaz de observar las miserias ajenas y juzgarlas (si es que cabe ese término aquí) con la dulzura del ser que se sabe superior, porque se ha demostrado a sí mismo que hay cosas que él, sencillamente, no es capaz de hacer. Y eso, que Enrique se empeña en definir como moralidad, a mí se me asemeja algo más relacionado con la sabiduría del que conoce el secreto de dónde habitan las cosas importantes de la vida.

Dentro de media hora hemos quedado aquí, en las nubes, para intentar tejer el último post sobre Adiós muñeca. Habrá que utilizar hilos de oro, Chandler no merece menos. Voy a intentar hilvanar un par de ideas que discutir con Enrique, me prepararé un café mientras le espero… no veo la manera de que, esta vez, nos pongamos de acuerdo…

……..

Parece que ayer estuvimos en sitios diferentes, porque yo no recuerdo que las cosas ocurrieran exactamente así. Yo no dije en ningún momento que Chandler intente dulcificar el mundo. Además, Francesca habla de lucidez como de un concepto contrapuesto a moral y eso es hacer trampa. Como ella bien dice, la lucidez de Chandler consiste en su capacidad de conocer el secreto de dónde habitan las cosas importantes de la vida, si esa no es una visión moral… Cuando ayer llegué al club, Francesca estaba tumbada al borde de la piscina, a la sombra de un árbol, tomando una copa. El extremo de un libro asomaba bajo su toalla de baño. No sé ni qué bebía ni qué había estado leyendo, pero teniendo en cuenta el relato que ha hecho de nuestra conversación me temo que ninguna de las dos cosas fuera la más adecuada para el momento. Así que intentaré resumir yo lo que dijimos sobre esta novela con el propósito de que sirva para animar la discusión en la Sociedad Literaria:

Dije que lo que hace a Chandler diferente al resto de autores de novela negra es su aliento poético y su sensibilidad; y que gracias a la calidad de su percepción y a su forma de entender la vida podemos ver algo de luz en esa ciudad de sombras en la vive Marlowe. Hasta ahí estuvimos de acuerdo. Y es que coincidimos en apreciar las virtudes de Chandler, en el por qué a los dos nos parece maravilloso, pero al intentar explicarlas, discrepamos en los matices. Nuestra discusión comenzó a la hora de precisar qué tipo de luz es esa que sus historias proyectan. Yo le decía que era el producto del corazón luminoso del autor: una mirada que quiere ser limpia, un propósito, algo loco, de intentar ver algo de luz en la corrupción del mundo, el convencimiento de que hay esperanza entre tanta oscuridad.

A Francesca, tan racional ella, lo del corazón luminoso le ha parecido una expresión ‘pastelosa’. Según ella, la lucidez de Chandler consiste en “su capacidad de observar al ser humano y entender sus miserias, de situarse en la distancia justa entre experiencia y observación para captar desde ahí la verdad que él encontró sobre la sociedad y sus normas”. Ha sabido ver en Chandler una libertad de pensamiento y una coherencia fuera de lo común. Luego, conforme ha ido conociendo la vida del escritor, creo que ha perdido un poco el norte, y así se lo hice saber en nuestra conversación junto a la piscina, aunque ella parecía más atenta a algo que había en el fondo de su copa que a mis palabras, mientras decía: “Me gusta cómo escribió, como vivió y como amó. Creo que es el único escritor al que admiro como persona. No hay que estar loco ni ser un tunante para escribir bien, no hay que vivir la vida atropelladamente, hay que vivirla en profundidad…” Nuestra conversación entonces se dispersó un poco y acabamos suponiendo que nuestra forma de ver a Chandler difiere, tal vez, porque ella es una mujer y yo un hombre. Y así llegamos, creo, a un punto de encuentro:

F. A mí Chandler me encanta como persona, pero lo veo muy distinto a como lo ves tú, porque yo soy una mujer y hubiese podido enamorarme de él, ¡eso marca una diferencia! Es lo que te pasa a ti con las mujeres de ensueño que aparecen en sus novelas, que yo las observo desde otro mundo…

E. Yo no podría enamorarme de Chandler, pero sí podría ser él. Tú lo ves desde fuera, y yo lo veo desde dentro.

F. Era uno de los hombres más inteligente que he visto

E. No veo su inteligencia, sino su sensibilidad y su bondad.

F. Ser bondadoso, Enrique, es ser inteligente…

……..

Esto último lo dijo con un hilo de voz e inmediatamente se quedó callada. Pensé que era porque sabía, como yo, que habíamos alcanzado por fin ese lugar común, desde el que podríamos hablar sobre Chandler… pero no, Francesca no se había callado por eso. Estaba mirando a un punto fijo, como si hubiera visto un fantasma… en ese momento una mujer atravesaba el rectángulo de césped de la entrada. “Era esbelta y alta, con un traje sastre blanco de lino y un pañuelo blanco y negro con lunares en torno al cuello. Su cabello era el oro pálido de una princesa de cuento de hadas y llevaba un sombrerito en el que el pelo se recogía como un pájaro en su nido. Los ojos eran azul aciano, un color poco frecuente, y las pestañas largas y casi demasiado pálidas. Llegó a la mesa al otro lado del pasillo y se estaba quitando un guante blanco cuando el viejo camarero le apartó la mesa como ningún camarero la apartaría nunca para mí”.

Yo también enmudecí…

Francesca y Enrique

3 comments

  1. Juana

    Totalmente de acuerdo, os ha quedado …. ¡ahhhhhhhhhh!

    • Gracias, Juana… ¿a qué sí? ¿a qué está de cine? 🙂 (lo siento, no tengo abuela y eso se ha de notar, lo quieras o no).

      Aprovecho para decirle a todo aquel socio de la Literaria que todavía no se ha animado a coordinar un debate, que hacerlo solo es muy interesante (lees de otra manera, te obligas a reflexionar, analizas las primeras impresiones, detectas detalles que en otras condiciones no habrías tenido en cuenta…), pero llevar un debate junto a otra persona es además divertidísimo… ¡¡¡animaos!!!

      Recordad que esto no es una sociedad de esas al uso, La Literaria somos nosotros, ni más ni menos, y a mí me encanta leer sabiendo que contrastaremos las opiniones, que aprenderé mucho más con el libro que lea aquí, con vosotros, que con cualquier otro que lea yo sola… ¡tenemos que ser más los que comentemos!

      Hala, ya he dado el meeting… 🙂

      Repito, gracias Juana, parece que no, pero saber que estás aquí, leyéndonos, ¡anima un montón!

    • Me encanta la confianza de Juana en todo lo que se puede decir con los huecos entre las palabras!!

Utzi erantzun bat

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