¿De qué hablamos cuando hablamos de novela negra?

“-¿No irá usted a ser uno de esos detectives que están borrachos todo el tiempo?- me preguntó preocupada. -¿Por qué no? Siempre resuelven sus casos y ni siquiera sudan.”

Libro de junio: “Adiós muñeca” de R. Chandler

Música: For the one I love (Craig Riley)

El propio Chandler definió en El simple arte de matar lo que era la novela negra, ni más ni menos que “la novela del mundo profesional del crimen”. Y así es, la carga de intencionalidad por parte del criminal y su relación, por pequeña que sea, con el crimen organizado, es fundamental para entender por qué estas historias constituyen en sí mismas un género específico.No se sabe a ciencia cierta dónde situar el origen del nombre. Por una parte se da la circunstancia de que este tipo de historias (que nacen en las primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos) se publicaron por primera vez en la colección Série Noire francesa, aunque también es cierto que están asociadas a la negritud propia de la noche, de los bares mal iluminados, de los ambientes oscuros que constituyen el escenario idóneo para sus tramas.

Pero lo que caracteriza a la novela negra y la separa de cualquier otro tipo de novela de misterio es, en mi opinión, el protagonista. Policía, investigador privado… no importa, ¡siempre es un perdedor! No caben aquí los héroes triunfadores y emblemáticos, que suelen asociarse a la resolución de los casos difíciles; en la novela negra solo encontraremos individuos desesperanzados, solitarios, que a lo que aspiran no es al reconocimiento de su éxito, sino a la íntima satisfacción de descubrir la verdad. Y para eso actúan, más que analizan las circunstancias. Lejos quedan los observadores reflexivos, dotados de una inteligencia superior. El Philip Marlowe de Chandler, al igual que el agente de la Continental de Dashiel Hammett, son seres humanos capaces de entender los motivos del criminal, la debilidad humana ante las exigencias de la sociedad moderna. Porque las conocen… también a ellos les han tentado.

Y ¡cómo me gustan esos personajes, desencantados protagonistas de tristes historias en las que a veces descubrir la verdad, acarrea más dolor!… pero claro, es que yo soy un poco como ellos y me lanzo a comentar una novela negra con Enrique… ¡a quien no le gustan! A él solo le gusta Chandler. No admite más. Y si os dice lo contrario, no os lo creáis…

¿No me gusta la novela negra? No he leído muchas y las suelo dejar a medias, cuando me doy cuenta de que me da igual quién sea el asesino y sus motivos. Sin embargo, las novelas de Chandler las disfruto tanto como las del mejor de los escritores. Creo que eso puede significar dos cosas: en primer lugar, que lo bueno de Chandler es que es apreciado tanto por los aficionados a la novela negra como por quienes no se sienten atraídos por este género; y en segundo lugar, que la etiqueta “novela negra” solo sirve para ordenar los libros en las librerías.

Chandler se pasó media vida respondiendo a la pregunta de por qué, si era tan bueno, no escribía literatura seria. Como en sus historias se cometían crímenes y salían detectives, los dueños de las etiquetas les obligaban a que definiera lo que estaba haciendo: no era serio, pero era bueno. ¿Dónde lo colocamos? Y supongo que en una de esas ocasiones le dio por definir la novela negra con esa frase que Francesca ha citado al principio. Seguramente bajo los efectos del alcohol (Chandler, no Francesca).

Con esto quiero decir que no me parece que la novela negra sea un género específico diferente de la novela de misterio. Se suele citar a Chandler y a Hammett como los padres de la novela negra. Pero si uno consulta las enciclopedias comprobará cómo bajo esa denominación cabe todo. Prefiero considerar a lo que hace Chandler como una variedad del tipo de literatura conocida como novela policíaca de detectives, de crímenes o de misterio. Hace unos días, Carlos Boyero se preguntaba ¿de qué hablamos cuando hablamos de novela negra? Y respondía: “De muchas y retorcidas cosas, que se pueden contar excelsamente, regular o mal. De las nada transparentes fronteras morales y metodologías entre ley y delincuencia, de turbiedad común en los conceptos del bien y del mal, del poder y su genética corrupción, de la certidumbre de que casi nada es lo que parece y la inquietante convivencia entre el blanco y el negro, de un aroma masticable”. De lo que uno deduce que quizá sea un género de entretenimiento, pero que éste es muy serio. Y que lo de menos es que el crimen sea organizado o que el protagonista sea detective privado o reportero.

Lo importante (lo valioso de este tipo de historias) es lo que dicen Francesca y Boyero: la búsqueda de una luz en un mundo turbio. Y mucho antes que ellos, lo escribió Chesterton.

Decía que hay ciertas falacias sobre la naturaleza de la auténtica novela de detectives que están muy extendidas, tanto entre los escritores como entre los lectores. Como lector apasionado del género, señaló un par de errores:

  1. La idea general de que el objetivo del escritor de relatos de crímenes es confundir al lector, ocultándole información o desviando su atención con pistas falsas. Lo que se consigue con este tipo de trucos es que el lector no avance en su indagación y permanezca en la ignorancia inicial. Por el contrario, Chesterton defendía que “el verdadero objetivo de una novela de detectives inteligente no es confundir al lector, sino iluminarlo de tal modo que cada fragmento sucesivo de la verdad sea una sorpresa”. Porque, añadía, la emoción no surge del desconcierto sino de la iluminación; no de la oscuridad sino de la luz.
  2. El segundo error que denunciaba Chesterton es la subordinación de los personajes a la trama, como si fuera inevitable que estos carecieran de profundidad y no fuera necesaria una buena caracterización. Y el creador del padre Brown añadía: “No podemos aterrorizarnos por una sociedad secreta de asesinos que se han conjurado para matar a un tipo tan aburrido que estaría mejor muerto. Para que el novelista pueda matar a alguien, antes tiene que insuflarle vida”. Es decir, es importante la trama, por supuesto, pero, como en cualquier tipo de buena literatura, ésta solo cobra interés gracias a unos personajes bien construidos, vivos; solo a través de sus palabras, sus actos y sus sentimientos, podemos acercarnos a la verdad de la historia.

Son dos buenas pistas para adentrarnos en el mundo de Raymond Chandler.

Francesca y Enrique

 

Carlos Boyero, “Hammett, ese escritor, ese hombre”

G.K. Chesterton, “Cómo escribir relatos policíacos”

La fotografía que acompaña este post la ha realizado E. Arroyas y es un fragmento de la portada del cómic titulado “Chandler” de Jim Steranko.

17 comments

  1. andoni-iturbe-mach

    Aunque un poco tarde , ya me podéis perdonar, me uno a vosotros en la lectura de Chandler. He de decir antes de nada que a mi si me gusta la novela negra. No sólo Chandler y Hammet, también Ross Mc Donald,James Hadley Chase, Chester HImes, Jim Thompson (os recomiendo 1280 almas, a mi es un libro que me resulto impactante), Kenneth Fearing (hace poco RBA volvió a reeditar El gran reloj, que se lee en un suspiro)… bueno no voy a seguir que la lista es amplísima sobre todo con todos lo epígonos que hay en la actualidad. Pero a lo que vamos, soy de la idea de quer más allá de una serie de características que hacen a untipo de literatura reconocible como género, creo que lo que existe es buena y ma la literatura y los autores de novela negra hacen buena o mala literatura, o quizás mejor libros que nos gustan y libros que no nos gustan. Hace años oí comentar a Bernardo Atxaga que Dashiel Hammet era un escritor, de los grandes, que había elegido el género negro como modo de expresión. Algo que parece confirmar Cernuda cuando decía que la literatura de Hammet era comparable a la de Faulkner (por cierto Santuario es una novela negra con todas la de la ley, de hecho Chase tomo su argumento para escribir su No hay orquideas para miss Blandish). (Otro porcierto: lo de Cernuda lo he leido en la contraportada de El hombre delgado).

    Bueno la verdad es que me ancanta la novela negra, me encanta como refleja la realidad de una época. Creo que los clásicos en muchas ocasiones casi se pueden leer como novelas históricas.La evolución desde las primeras novelas de misterio desde Poe, pasando por Conan Doyle, en las que la sociedad aparecía de una manera marginal y era el intelecto de los protagonistas lo que resolvía los casos hasta llegar a la irrupción de la realidad del modo más bestial. Hasta llegar a la disolución de las certezas morales. A las tramas en la que los buenos no son tan buenos aunque los malos sean aún más malos, para terminar con Jim Thompson en cuyas novelas el protagonista es más malo que la tiña, y de tan malo no se da cuena de que es malo ya que su moral está tan disuelta como lo está la de la sociedad que critica o ya para terminar, como ocurre con las novelas brutales de James Ellroy, que quizás no hacen sino reflejar la violencia de los tiempos que nos han tocado en suerte.

    • Enrique Arroyas

      No llegas tarde, te estábamos esperando. Seguro que has leído ya ‘Adiós, muñeca’, pero ¿volverás a leerla para el debate? A diferencia del periodismo (y de las malas novelas), la literatura se caracteriza porque se puede leer dos veces. Algo así dijo Cyril Connolly. Así que será una prueba más para Chandler. Ayer estuve hojeando ‘Todo lo que sé de novela negra’, de PD James, que ponía a Ross McDonald a la altura de Chandler. Y entre los contemporáneos destaca a Sara Paretsky. ¿Estás de acuerdo? No estaría mal que de este debate surgiera una lista de los imprescindibles del género policiaco.

    • Hola Andoni, ¿tarde? ¡pero si eres el primero que se manifiesta!
      Yo, como tú, adoro la novela negra (a alguno no lo conozco, así que te haré caso y lo leeré), aunque tampoco soy mucho de géneros. Creo en los buenos y los malos escritores… mejor aún, en los buenos y malos libros, que solo los grandes mantienen un nivel elevado en toda su bibliografía.
      Chandler está enmarcado en esa categoría de gran escritor, que no conoce géneros.
      Lo que pasa es que, mal que me pese, entiendo la postura de Enrique… porque yo tengo una actitud parecida en lo tocante a la literatura romántica… me da como grima… pero luego leo “Cumbres Borrascosas”, “Orgullo y Prejuicio” o “Emma” (si esa no es una novela de amor, ya me dirás tú) y me encantan… pero aún así me empeño en que son excepciones… cuando seguramente, como en el caso “Adiós muñeca”, son buenas novelas, maravillosamente escritas, donde se refleja la realidad social de una época con la excusa de un romance, como aquí lo vamos a hacer con la excusa de un delito.
      Las buenas novelas siempre son un espejo de la sociedad y de las miserias y virtudes de los seres humanos.
      ¿Qué pensáis los demás?
      Este primer debate es para “abrir boca” y no destripar el libro, que hablando de este tipo de argumentos, nos correríais a gorrazos a Enrique y a servidora 😉

      • Obo

        Chandler y Hammet crearon un género que más de medio siglo después no ha sido superado. La prueba es que incluso autores consagrados como Pynchon y sus oscuras tramas han acabado escribiendo novela negra. Al que todavía no se ha citado en estos comentarios es a Ellroy. Soy un fanático de este autor pero creo que es el autor que lleva hasta el extremo este género. En mi opinión, gran parte de la novela negra que se escribe desde los cincuenta hasta ahora no es más que una repetición de los cánones que ya habían fijado Hammet y Chandler. Los sobrevalorados suecos también repiten esta fórmula. Ellroy, y pocos más -como Barry Giffor-, la llevan un paso más allá. Creo que una de sus claves es que reflexionan algo así como: Si se trata de describir la corrupción, no recurramos a la agotada fórmula del antihéroe que fracasa al desenmascarar la maldad. Hagamos que la corrupción sea la protagonista, que disfrutemos en la más pura maldad, para saber que está y estará ahí, porque está dentro de los hombres.

      • De acuerdo en lo de la sobrevaloración de los escritores nórdicos de novela negra… aunque la entiendo, indica una necesidad de cambiar de escenarios. El salto de la tórrida América profunda a ese otro norte frío y medio despoblado es atrayente de por sí. Pero como siempre, publicar no significa ser buen escritor.
        Sobre darle más protagonismo a la maldad que al héroe no estoy de acuerdo, pero es algo muy particular, a mí siempre me ha interesado más el análisis del comportamiento humano en sus aspectos más poliédricos… nadie es solo malo o solo corrupto, me parecen más reales esos personajes complejos que presenta Chandler, por ejemplo, creo que se acercan más a la realidad.
        Respecto a mencionar a más autores, este mes toca “Adiós muñeca” y en realidad este post no pretendía ser un recorrido por los grandes autores de novela negra, sino únicamente una introducción al tema, para entrar en materia sin destripar el argumento… pero no descarto que leamos un día una novela de Ellroy, por supuesto.
        Un saludo,

  2. Karmele Aguayo

    Hola muñecos/as!!

    Antes de entrar en faena, una curiosidad: ¿de quién es la traducción que estais leyendo?
    …conque la que yo tengo se me hace tan extraña…no te giba!

    Me estoy dando cuenta con este libro que en una novela taaan negra, con un lenguaje tan violento y cinematográfico, es muy importante la traducción si no la vamos a leer en “v.o.”. Me parece que mi ejemplar pierde credibilidad y gran parte de la ironía en los diálogos.

    Supongo que me vais a decir que me sitúe un poco en la época pero na, na, ni por esas….

    Mientras busco otro ejemplar, ahí sigo, no te giba!

    • ¡Hola!

      Mi traducción es de José Luís López Muñoz y no le he encontrado disonancias… pero es que servidora es chandleriana e igual me pierden las ganas de entender… la que ha leído Enrique ni idea, porque es un poco teatrero y creo que no ha parado hasta encontrar un ejemplar en la librería más recóndita de Murcia, por aquello de ambientarse.

      Pero ponte las pilas, que en cuanto pase este puente colgaremos el siguiente post y ahí sí que ya hablaremos de los personajes (¡qué atractivo me imagino a Marlowe, Karmele! es que lo veo con su gabardina y su wiskyto ahí, acodado a la barra…).

      Y a todo esto… el resto ¿qué? ¿os decidís a hablar o vamos a tener que ir casa por casa para animaos?… vaaaaaa… que estoy aquí esperando, con el sombrero puesto y todo… 😉

      • Karmele Aguayo

        “lilailas de guripa” “no te giba” “desaloje la jeringa” “troncho carajo puñeta!”… definitivamente, en mi libro algo falla.

        Respecto a Marlowe, atractivo quizás, pero chulo-playas también es un rato.

        Por cierto, bienaventurados los que tengan un puente a la vista, ¿qué se celebra?

      • Karmele, jamía, con ese lenguaje no me extraña que Marlowe te parezca un chulo-piscinas cualquiera… no, no, no… vete pronto a por una buena versión (casi todas, ¿de dónde carajo has sacado esa?).
        Los autónomos nunca somos bienaventurados… al menos en el apartado puentes y acueductos. Ni idea de lo que se celebra, por aquí es fiesta el lunes y ni siquiera sé si lo es también en otros sitios… toy perdía… 😕

      • Karmele, cómprate la edición de bolsillo de Alianza, ‘no te giba’. A mí me pasó con Hammett. Cuando al poli se le ocurre decir que iba a pagar 500 machacantes, dejé al libro morir en mis manos. Respecto a Marlowe, tienes razón, Karmele, es un chulo, y resulta bastante patético a veces. Más en esta novela incluso que en las siguientes, puesto que es más joven. Pero sus metidas de pata lo humanizan, y no hay manera de no quererlo.

        El jueves fue el día de la Región de Murcia.

  3. Cuanto más oigo hablar a Francesca sobre novela negra, menos claro tengo el concepto que quizá nunca me había cuestionado. Es un ejercicio que debería plantearme: definir lo que para mi se supone que es un género del que me declaro abiertamente partidaria.

    Coincido con la sobrevaloración de los escandinavos (aunque me gusta Wallander), pero es posible que, efectivamente, simplemente tocaba cambiar de escenario. La nieve tiene su “puntillo” también.

    Por suerte no escogí la traducción de Karmele y estoy saboreando vuestra recomendación. Quizá saboreándola demasiado lentamente, pero llegaré a buen término y repetiré, sin duda.

    • Wallander es genial, pero es que el caso de Mankell es muy especial. Es un gran novelista que, a veces, escribe novela negra. No creo que pueda encuadrársele en el “fenómeno escandinavo”, comparte escenario pero no estilo. Lo de Mankell es un caso aparte, que bebe de los clásicos como Chandler y les añade su punto de originalidad.

      Es curioso lo que dices sobre que lees lentamente. ¡Chandler no puede leerse de otra forma! es una de las cosas que llama más la atención y por lo que a los lectores “exclusivos” de novela negra, no suele gustarles: hay que seguir el mismo ritmo que si leyeses a Fitzgerald, releer algún párrafo, parar y pensar… saborearlo, como tú bien dices.

      Bienvenida al debate, Núria. Como pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando hablé contigo por última vez… ¡anda, pero si fue ayer! 🙂

  4. Karmele Aguayo

    Pues yo y mi manía bibliotecaria de ordenar y clasificarlo todo, sí creemos en los géneros literarios. Y leer este libro me ha provocado la misma sensación que a Núria.

    Me consideraba admiradora de este género pero ya intuía yo que había novelas, que me parecían “demasiado negras”.

    A partir de ahora, hablaré con propiedad y me confesaré consumidora compulsiva de novelas de intriga y de misterio, pero deberé reconocer que en las novelas “muy negras”, me cuesta entrar.

    Hay algo a veces demasiado lejano a mi entorno y forzado en el lenguaje, o quizá demasiado violento…

    Es más, creo Chandler y la ola de escritores nórdicos de novela de intriga, más que compartir género, lo dividen. Tenemos casos, policías, víctimas, detectives, etc. pero en esencia, la violencia se nos presenta como un hecho excepcional que viene a romper la pacífica rutina del entorno de los protagonistas, y alguien se encarga de restablecer la justicia y el orden. En la novela negra clásica como la que tenemos entre manos, la violencia aparece intrínseca a la sociedad que retrata. Ese retrato es el verdadero protagonista, caldo de cultivo de violencia. Incluso los casos de Marlowe son casi una parte secundaria de la novela.

    Sin embargo, aunque no estoy acostumbrada, éste de Chandler me está gustando, tiene perlas que amortizan el esfuerzo.

    *para la lista de imprescindibles de Enrique quiero apuntar “Petirrojo” de Jo Nesbo*

    • Me alegro de que te guste Chandler, Karmele, pero si te parece demasiado “negro”, podemos leer despúes a Hammett y me cuentas 🙂 A mí me encanta, que conste.

      “Petirrojo” es una gran novela (y Némesis, que en realidad son una única novela en dos volúmenes: avisa para los que la queráis leer, tened la otra a mano u os dará un síncope al acabar la primera y no poder continuar…)… Pero a Enrique no le gustaría, si le parece que sobrevaloro a Mankell…

      Por cierto, Enrique, ¡qué gracioso eres! si quieres hacemos una lista de novelas “clásicas”… pero me pone usted el listón, por favor, en Francis Scott Fitzgerald… ¡qué poquito que íbamos a leer!

      Bueno, chicos, ¿qué os parece si nos ponemos a hablar ya de mi querido Marlowe?… estoy deseando leer vuestras opiniones y tengo mucha curiosidad por saber si son distintas en función del sexo del opinador 🙂

  5. Apuntado queda es Petirrojo. Francesca, aunque se ha pasado cuatro pueblos con Walander, debe decir un título de ese autor, de quien nunca pasé de la página cien. Pero, atención, cualquier propuesta para esa lista selecta debe estar al nivel de Chandler, ese es el listón.

  6. Francisca

    Pues yo que leo igual de lento que Nuria y que me acabo de incorporar, intuyo que leeré el libro en la soledad de mi sala, pero bueno, siempre podré leer vuestras interesantes aportaciones.
    Cuando llevan Francesca y Enrique el debate, adiós, me siento hiperperdida, y últimamente estoy positiva, pienso, no pasa nada, incorporaré todos esos títulos que proponen nuestros dinamizadores de la literaria y adelante. Y pensar que la novela nórdica tan de moda, es sólo como un subproducto de este género literario clásico!!!. Me voy poniendo las pilas…

    • Ufff… lo siento Francisca, porque si te ves perdida en todo caso es culpa mía… Enrique está calladito sin dar recomendaciones, te recuerdo que la novela negra no le gusta, él solo acepta leer a Chandler y no lo sacarás de ahí… ¿yo he recomendado más autores? Vale sí, Hammett, pero ese sin prisas, más adelante, es más duro y más descreído… cuesta tomarle cariño 🙂

      La novela nórdica también me gusta a mí, que conste, pero es para otra cosa… distracción, evasión, una tarde de lluvia en la que no tienes ganas de pensar demasiado en la realidad que te rodea… está bien, tiene una función casi curativa… Pero no es Chandler, claro, ni Fitzgerald, ni Mansfield… Cada escritor es para lo que es.

      Anda, no leas sola y vente al post de aquí al lado, a hablar de ese hombre alto, guapo y fornido… ¡con las ganas que tengo yo de que cotilleemos sobre Marlowe y vosotras aquí con Chandler! (que era listo, sí… pero vamos, para hombre atractivo el que se inventó…)

Utzi erantzun bat

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