El Mal de Montano y yo

-Insatisfacción crónica- dijo mi amigo mirándome fijamente.

-Sí-contesté yo, y recuerdas…

Tengo 17 años y camino por los montes cercanos a mi pequeño pueblo. Con esta edad, en un lugar con pocos atractivos culturales y lúdicos, la naturaleza es una buena alternativa para pasar el tiempo. De repente veo una senda que no conozco y sueño con que lleve directamente al otro lado del mundo, lugar al que llego después de caminar por ella mucho tiempo. Desaparezco, nadie sabe nada más de mi.

Tengo 23 años y conduzco mi primer coche por una carretera solitaria en la madrugada. Recuerdo constantemente las voces e imagenes de la noche entre amigos y poco a poco una sensación de nostalgia inunda mis pensamientos. No es nostalgia del pasado, es nostalgia del futuro, la sensación de que lo que está por venir no encaja en mis expectativas. De repente veo un cartel tan real como inesperado “París 875 Km.” Acelero. Desaparezco, nadie sabe nada más de mi.

Hoy, tengo 27 años y leo El mal de Montano. Reconozco en su protagonista el mismo desasosiego, una creciente “sensación de cierta incompetencia de la vida“. Como él, he vivido obsesionado con huir, un anhelo que tiene más de poético que de real, pero que no por ello es menos intenso entre mis emociones. Persiste en mi la certeza de un paso en falso originario, un viraje equivocado, de haber tomado un desvío erróneo sin saber cuando sucedió, ni tener esperanza de encontrarlo. He tomado, en secreto, “la decisión de no prepararme para entrar en el mundo, sino para salir de él sin ser notado“.

Sólo queda pensar el camino, despejar la incógnita que abre la novela; ¿Cómo haremos para desaparecer? se pregunta él, nos preguntamos los dos, con creciente angustia según pasan las páginas o la vida. Desaparecer pasando desapercibido resulta ser un objetivo demasiado ambicioso, hay muchos testigos. Una tragedia sonora es incompatible con mi intención de no dejar huella y, porque no decirlo, con mi lado más pusilánime.

Acepto no saber la respuesta, pero mientras tanto percibo cierto alivio dejándome llevar por “la vida de la mente, por lo juegos imaginarios que otros plantean a través de la novelas que devoro con avidez“. No, no es posible desaparecer en la historia de la literatura como mi alter ego en la novela…pero no por ello dejaré de intentarlo. Quien sabe, con un  poco de suerte, conseguiré tener éxito contra pronóstico, un éxito que apunta hacia mi interior.

Me vuelvo hacia mi mismo, y encuentro un mundo” escribió Goethe. Así sea.

La foto es de raul-flakillo

 

4 comments

  1. Karmele Aguayo

    Precioso David, gracias!!

  2. ¡Me encanta tu escrito!
    Es una maravillosa forma de pasarnos el testigo, David.
    Muchísimas gracias y hasta ahora mismito…

  3. Karmele, FRancesca gracias!! Ha sido un placer participar en este espacio. Ahora sigo en modo comentarios 🙂

  4. Francisca

    Bueno, bueno, David, para escribir sólo de economía como decías en un post anterior, menudo final que has preparado!!!!.
    Es un texto precioso y casi lírico. Enhorabuena, me encantan algunos párrafos, por ejemplo, éste:
    “Reconozco en su protagonista el mismo desasosiego, una creciente “sensación de cierta incompetencia de la vida“. Como él, he vivido obsesionado con huir, un anhelo que tiene más de poético que de real…”

Utzi erantzun bat

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