Farewell, my lovely

“Abrí el cajón de la mesa y saqué un Colt automático del 38, del tipo conocido como Super Match. Lo había llevado para ir a visitar a la señora de Lewin Lockridge Grayle. Me quité la chaqueta, me coloqué la funda sobaquera, metí el revólver, abroché la correa inferior y me puse otra vez la americana”

Música: Farewell, My Lovely (David Shire)

Si Margaret Atwood podía confesar, y lo hacía sin sonrojo, que estaba enamorada de Raymond… no veo el porqué ha de importarme a mí declarar aquí, también, mi enamoramiento. A Enrique, en cambio, le tiran más las rubias esas que siempre se pasean entre las páginas de sus novelas… pero es que los hombres son así de tontos, el primero Chandler, que no dejó nunca que Marlowe se acercase, ni siquiera un poquito, a ninguna mujer que escondiese, bajo la melena, algo mejor que una mente retorcida.

Pues a mí se me ocurren al menos dos razones por las que Chandler nunca hubiese permitido que Marlowe se acercara demasiado a una mujer que no fuese una de esas rubias que tanto desagradan a Francesca. La primera, porque de haber ocurrido tal cosa su detective habría sido incapaz de reconocerla. La segunda razón que se me ocurre es la insobornable honestidad de Chandler con esa parte de su escritura: él creía que, en el mundo de Marlowe, no cabían otro tipo de mujeres. Pero no hay que preocuparse, la grandeza del arte de Chandler consiste en conseguir que a pesar de saber que son unos personajes que, de ser reales, más nos valdría mantener a cierta distancia, nos sintamos atraídos sin remedio a la contemplación del devenir de sus desventuradas vidas.

Al parecer, en cuestiones de amor, todos se equivocan en las novelas de Chandler: el detective, las rubias despampanantes, sus maridos y los hombres que las adoran, las chicas que se meten en líos, los polis… e incluso (y esto es un aviso), los lectores.

Un affaire con Raymond Chandler, ¡qué delicia! No por los cuerpos mutilados y los policías alcoholizados y las pistas de sexo estrafalario, sino por su interés en los muebles. Él sabía que los muebles podían respirar, sentir, no como nosotros sino de una manera sorda, como la palabra tapicería, con sus matices de moho y polvo, su buqué de rayo de sol sobre las vestiduras gastadas o el cuero rayado en los respaldos y asientos del mobiliario barato de oficina. (…)
Así es como sucedería nuestra historia de amor. Nos reuniríamos en un hotel o un motel, si caro o barato, no importaría. Entraríamos en la habitación, cerraríamos la puerta, para empezar a explorar los muebles, pasar los dedos por las cortinas, las manos a lo largo del oro falso del marco de los cuadros, sobre el mármol real o la porcelana astillada del fregadero de baño de lujo o de mal gusto, aspirando el olor de las alfombras, el humo viejo de cigarrillos y ginebra derramada y sexo rápido sin compromiso o quizá la rica esencia de transparentes jabones ovalados importados de Inglaterra, no nos importaría; lo que importaría sería nuestra reacción ante los muebles, y la respuesta de los muebles hacia nosotros. Sólo después de que hayamos olido, manoseado, frotado, rodado, y absorbido los muebles de la habitación caeríamos uno en los brazos del otro (…)

Enamorada de Raymond Chandler
Margaret Atwood

Y todo esto es para anunciar que en junio leeremos “Adios, muñeca” de Raymond Chandler y que nosotros dos coordinaremos el debate paralelo en este blog… ¡estamos seguros de que nos vamos a divertir mucho con la novela negra y con el mejor de sus autores!

Francesca y Enrique

Una buena edición en bolsillo de “Adiós, muñeca”

Todas las historias de Phillip Marlowe

Las cartas de Raymond Chandler

Un libro reciente sobre cine negro clásico

6 comments

  1. Karmele Aguayo

    Me gusta no, me encanta!!! Ya puedo imaginarme mi affaire con junio…

    …después de recorrer kioskos y librerías de la ciudad que habito tras la pista de este extraño ejemplar del crimen… ¿quién, cómo, por qué?… habré de pintarme los labios de rojo sangre, y con mi impecable gabardina buscaré un lugar, un banco de madera al pie de un gran farol, entre asfalto y umbríos matorrales, comenzaré entonces a observar el mundo en blanco y negro, el blanco y negro de las páginas de esta novela…..

    me encantaaaaaaaaaaaaa!!!!

    • Enrique Arroyas

      Entonces parecerás una de esas escurridizas mujeres ante las que no puede resistirse Marlowe. Sólo te faltará el collar de perlas y el coche descapotable. Para esta historia te necesitamos, Karmele. No faltes.

    • Bueno, eso y si ya te tiñes el pelo color “rubio imposible”, vas a ser la más mejor… yo estoy por hacerlo, a ver si cuelo como mujer fatal… que me da a mí que no va a poder ser, pero, por intentarlo… 🙄

  2. idoiallano

    Hola:-) Me gusta la oportunidad que nos dais porque me gusta la novela negra y cómo se desembaraza de la hipocresía social del momento en que se escribe…Es lo que tiene lidiar con el crimen y los criminales, e intentar estereotipar el negativo de una foto social novelada.
    Enhorabuena por la elección, y vamos a ello desde ya pues!
    Eskerrik!

    • Ya sabes, Idoia, tienes un mes para ir ensayando la mirada de mujer fatal y la pinta de posible sospechosa… ¡nos lo vamos a pasar de miedo! (nunca mejor dicho).

  3. Pingback-a: ¿De qué hablamos cuando hablamos de novela negra? | Sociedad Literaria

Utzi erantzun bat

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