Una historia iraní de amor y CENSURA

El noble persa aprende a montar a caballo, tirar al arco y decir la verdad

Herodoto

Queríamos evitarlo pero no hemos podido, hay que hablar de la censura, ahora que aún podemos…

En nuestro libro la censura tiene nombre ruso, Petrovich, y digo yo que raramente un nombre se escoge al azar. El autor dice haberlo tomado de la obra con mayúsculas Crimen y Castigo. Esta es otra de las incógnitas de este libro que no puedo resolver.

La censura consiste en eliminar o no hacer público aquello que se considera que atenta contra la moral, la religión o cualquier otro aspecto. No hay mucho que añadir sobre esta práctica iraní tan poco sutil. Quizá solo recordar que existe otra práctica, que no desmerece el mismo fin, la manipulación. Intervenir la información para dirigir la opinión hacia una posición determinada. Y a ésta, estamos gravemente expuestos.

Para Mandanipour, la gran tragedia, la diferencia entre Oriente y Occidente estriba en la posibilidad de soñar, de imaginar. Sin embargo, es bastante probable que nuestros sueños occidentales nunca se cumplan, es demasiado probable que nunca abandonemos el grupo social en el que nacimos. Muchos son sueños que nos dan ya soñados y si no estamos atentos, podemos invertir demasiado en alcanzarlos. La frustración acecha en cada esquina como un enano jorobado. Por si fuera poco, a soñar con romper el orden establecido o con transgredir los códigos de conducta, se le llama aquí, subversión, o incluso locura. Aquí está nuestro crimen y aquí nuestro castigo.

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El Nowruz (año nuevo) llega en marzo a Irán, ojalá éste sea nuevo de verdad, que la revolución o la justicia lleven la libertad al pueblo iraní. Sueño verlo algún día con mis propios ojos…

Por lo demás, poco me queda de añadir. Sigo aquí por supuesto, pero en este momento me siento en la obligación de daros las gracias por haber dado una oportunidad a este libro, que nunca será de masas, y por intentar verlo a través de mis ojos y de mis opiniones, que se jactan de ser subjetivas, se despreocupan de ser políticamente correctas y se ruborizan de ser siempre taaan largas. Y egoístamente, también agradezco que me hayáis hecho compañía este mes que estaba destinado a hacerse muy  muy largo, y es que marzo trae para mí un regalo que espero ansiosa.

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Una última cosa, por si a alguien más le sirve. Otra escritora iraní me ha tendido un puente hacia Scott Fitzgerald, Leer “Lolita” en Teheran de Azar Nafisi. Su vida y sus libros en una historia apasionante, o de como los libros son semilleros de libertad.

Azar Nafisi fue enviada con trece años a estudiar a Suiza, y más tarde a Oxford. En 1979, el año de la revolución del ayatolah Jomeini, regresó a Teherán para dar clases de literatura en la universidad, obligada a tolerar la imposición de un comisario ideológico, finalmente sería expulsada en 1981 tras negarse a utilizar el velo. Será entonces cuando organice un club de lectura clandestino con algunas de sus antiguas alumnas en su propia casa, para poder leer novelas prohibidas de Nabokov, Jane Austen, ScottFitzgerald o Henry James, leyendo y opinando, restituyendo así su propia dignidad individual. Tras un intento fallido de regresar a la enseñanza en 1987, los desacuerdos con las autoridades son insalvables y poco más tarde, emigrará a Estados Unidos donde vive actualmente.

Paradójicamente, serían los valores inherentes a Gatsby los que triunfarían con el tiempo, pero en aquella época aún no nos habíamos dado cuenta de hasta qué punto habíamos traicionado nuestros sueños. (Leer Lolita en Teheran, pág. 149)


16 comments

  1. Pingback-a: Tweets that mention Una historia iraní de amor y CENSURA | Sociedad Literaria -- Topsy.com

  2. Leí hace tiempo el libro de Azar Nafisi. No sé cómo se me ocurrió hacerlo porque no suelo leer novelas que no sean de nuestro mundo occidental. Quizá porque hablaba de novelas como las que citas, pero eso no es lo importante de ese libro, sino esa aventura humana de ansia de libertad y de vida en Irán por parte de ese grupo de mujeres que se reúnen alrededor de la autora. Me gustó mucho, y cuando empecé el de Mandanipour no hacía más que pensar: ‘éste no es tan bueno como el de Azar Nafisi’. Ahora, una vez terminado, no lo cambiaría. Ha sido una historia de verdad muy emocionante. Por lo tanto tú propuesta, Karmele, tiene doble valor, por el acierto de la elección y por lo arriesgada. (Hace poco, Azar publicó otro libro que tiene también muy buena pinta: Cosas que he callado, creo que se titula).

    En cuanto a Mandanipour me gustaría añadir que hablando de la censura lo que hace el autor es también un ejercicio muy original e interesante. Cuenta una historia de amor para ver si es posible que sea feliz en Irán, por lo tanto está constantemente amenazada por la censura. Contar eso como lo hace el autor, relatanto el proceso de escritura, la continua pugna con el censor, convierte la construcción del Amor en algo muy relacionado con la escritura de una historia, la ficción. Eso me ha parecido genial: cómo son las palabras las que construyen el amor. (No sé por qué no ha visto eso Francesca, si eso es todo lo que se cuenta en esta novela). Y de ahí, de la falta de libertad, es de donde surgen todos los obstáculos con los que se enfrentan los protagonistas, todos provienen del miedo o de la incomunicación. Pero creo que al final triunfa el amor por las miradas, los pensamientos, las palabras silenciadas pero llenas de deseo, la piel entrevista, el olor del pañuelo, el pelo escondido, todo eso va construyendo el amor. Porque daos cuenta qué pocas palabras se cruzan Sara y Dara. El amor de él por ella creo que es bastante endeble e infantil. Pero el amor de ella por él es generoso, fortísimo, y eso es lo que engrandece la figura de Sara.
    Y otra cosa: es un detalle muy curioso cómo al final hasta el censor Petrovich se enamora de Sara. ¿Sabéis por qué? También por las palabras. Él no la ve nunca (¡vaya, hasta yo estoy pensando que Sara existe de verdad!). Él solo la conoce por lo que el autor del libro le cuenta. No por lo que el autor del libro nos cuenta a nosotros, los lectores, sino sólo aquello que él cree que será aceptado por el censor. Solo por las palabras. Se enamora de alguien que no existe, solo de cómo le gustaría a él que fuera. Creo que, sin embargo, todo lo auténtico y bueno que se dice entre los personajes aparece en negrita, es decir, para no ser visto por Petrovich.
    Y una última cosa. Me ha gustado el final. Un final feliz, sí señor, como Dios manda. Qué bueno que al final el narrador le da el honor de la última palabra a Sara. Pero hay algo que no he entendido: lo del enano muerto entre el jazmín. Parece que Karmele se ha referido a la amenaza de la decepción.

    • Karmele Aguayo

      ¿No os ocurre a vosotros que la imagen de Oriente (medio, proximo, extremo o como se diga) que recibís a través de los libros y de los escritores no tiene nada que ver con la que recibís a través de los medios? La gente es gente en todas partes, y la mayoría de los sentimientos son universales. La ecuación incultura+religión da el mismo resultado siempre y en todo lugar, y ambas variables pasan restando al otro lado.

      El enano jorobado me tiene intrigada, pensaba que era un personaje simbólico persa, una especie de arquetipo de la conciencia, un vigilante, como el enterrador del Sadeq Hedayat, pero buscando un poco me he dado cuenta, que es un personaje que aparece en la literatura de sitios dispares, y siempre con un significado similar. En todo caso, que aparezca muerto puede tener un significado claro de victoria. Y “entre el jazmín”, supongo que es otro símbolo usado por Mandanipour, la palabra jazmín es una herencia directa del persa en nuestros occidentales idiomas.

      Pero todo esto, una vez más, es lo que sale de mi cabeza, si un día puedo hablar con Mandanipour, tengo unas cuantas cositas que comentarle…

      • fvernalte

        Es lo que dije al principio, que gente que ha estado en Iran se ha quedado alucinada, lo mismo con los árabes, la gente es culta y conocen muy bien su historia, sus poemas, sus canciones…
        Los iraníes dicen que es una gente muy amable y encantadora.
        Pues al final, había amor, sí señor, lo que pasa somos impacientes, y claro, hay que comprender que el amor lleva su tiempo, que si paseítos, que si miradas, que si ahora se tocan con los codos…
        De todas formas, los hombres como Dara son un poco peligrosos, ese amor enfermizo y con tantos celos no es bueno pa nadie:-)
        Creo que el final es muy bueno, que la frase de “Sara quiere hablar por sí misma” tiene mucho significado. Bueno y que Petróvich se enamore de Sara es un recurso genial.
        Me ha gustado mucho ese juego de ir haciendo la novela, y dialogando con los personajes, el censor, los puntos suspensivos… Es una novela original y bien escrita.
        Tendremos que indagar sobre el enano, dices que muerto es como que es signo de victoria, a ver si encontramos a alguien que nos lo explique, hasta que logres contactar con Mandanipour…

    • Intervengo por alusiones, aunque sé que no debería, porque os lanzaréis los tres a atacarme… por cierto, ¿hay alguien ahí que no se haya enamorado de Sara, ni de Dara, ni del enano…? no me irían mal algunos refuerzos, que se me están comiendo viva 😉

      No veo amor, veo enamoramiento, eso sí… y no veo palabras por ningún sitio… ¡pero si no se hablan!… que esa es otra, no se hablan, no se tocan… no se conocen… si es que no entiendo lo que les habéis visto, me vais a volver loca con tanta delicadeza poética… con tanta censura, huelen un pañuelo y se enamoran, normal, están en la edad… ¡Ah! y a lo del enano jorobado no le deis más vueltas, lo ha puesto ahí para despistar y que la gente se rompa los cuernos pensando en qué querrá decir… Anda que… 🙂

      • Karmele Aguayo

        Lo del enano no te digo que no, pero lo del amor…!! El escenario que presenta Mandanipour es el caldo de cultivo perfecto para el amor!

        ¿Has visto “Cosas insignificantes” de Isabel Coixet? (Si la respuesta es no, ni te molestes, tiene puntazos pero el mejor te lo voy a contar en el siguiente renglón jejeje)

        Cuando ella, tras ser abandonada, reconoce que empezó a amarle en el momento en el que él le dejó, es decir, cuando se le convirtió en un imposible.

        Y Zygmunt Bauman diría probablemente que esos obstáculos, no poder tocarse, hablarse… destilan amor sí o sí. Bueno, él diría algo sobre que si no puedes masticar y comerte a esa persona, no podrás cambiar de objetivo, lo amarás y desearás y cuando lo hayas digerido, *comentario escatológico*, y entonces cambiarás de presa. Y a la otra persona le pasará lo mismo (bien!), no, bien no, porque no será al mismo tiempo…

        Si Dara y Sara conocieran de antemano todas esas sensaciones, no las vivirían igual, de hecho Mandanipour no las vive igual, porque él sabe lo que le gustaría que pasará, pero también sabe lo que seguramente pasará.

        Es amor (para ellos) porque están continuamente acercándose. No es amor (para ti y para mi, es enamoramiento, como bien dices) porque conocemos la siguiente fase y sabemos que es mejor.

        Tú lo ves desde fuera, y nosotros nos hemos metido mucho en el papel, creo. 😉

      • Pues aprovechad que ya os queda poco… os espero con Fitzgerald… ¡qué ese estaría de acuerdo conmigo, fijo!

        “Sonrió comprensivamente, mucho más que comprensivamente. Era una de esas raras sonrisas, con una calidad de eterna confianza, de esas que no se encuentran más que cuatro o cinco veces. Contemplaba, parecía contemplar por un instante el universo entero, y luego se concentraba en uno con una irresistible parcialidad”

        … no digo más… 😉

  3. ¡No cedas, Karmele! Que Francesca quiere llevarte a su terreno, y encima pidiendo refuerzos…
    y cómo, ¿mejor? “conocemos la siguiente fase y sabemos que es mejor”???
    No habrá nada mejor que ese momento: uno en cada extremo de la habitación, los dos con el corazón palpitando con fuerza.
    Y Francesca: precisamente Fitzgerald no escribió sobre otra cosa en su vida que no fuera que nada hay mejor después en el amor que ese momento. Todo lo que viene después es remar contra la corriente.

    • Karmele Aguayo

      Tu última frase es sabia pero…¿qué es mejor? ¿comer con los dedos, o saber que vas a comer con los dedos?

      • Comer con los dedos, después de haber pasado un tiempo prudencial (3 años dándose codazos, como dice Francisca, NO es un tiempo prudencial) pensando en que vas a comer con los dedos… no sé si me explico… (esto de la literatura oriental os ha dejado demasiado metafóricos para mi sensibilidad robótica… pero como podéis ver, me estoy esforzando 😉 )

        He empezado con Fitzgerald: “Sí, era bonita, definitivamente bonita; y aquella noche estaba radiante. Tenía esa mirada que ninguna mujer, excepto una actriz, puede fingir: se estaba divirtiendo”… Damas y caballero… a eso le llamo yo escribir bien… ¡en dos patás te hace una descripción que ves hasta las luces de la sala de baile!

      • Lo de los dedos no lo he entendido.

      • Karmele Aguayo

        Consideramos proponer como lectura La Historia de O, habiendo detectado y con intención de solventar, necesidades educativas puntuales en la Sociedad Literaria.

      • fvernalte

        Buf, esto sube de tono, nos vamos alejando del amor platónico:-)

  4. idoiallano

    Pues-)… Igual creo que Mandanipour nos está contando un cuento…no el de las mil y una noches, si no el de los mil y un días, o mejor el despertar de la mil y una noches con la resaca de la historia. La otra historia que viven de día y con el peso de la realidad los personajes de los cuentos indios, árabes o persas. Así nos va enseñando al poeta pobre y preso. A Sara y Dara viendo que en realidad sus personajes son una mujer insulsa y desconocida, tras una ambigüedad provocada por la historia o la cultura, a saber, y un Dara posesivo que responde perfectamente al estereotipo que tenemos de la la cultura y religión patriarcales del actual oriente medio y medio. El pájaro, Simbad el novio concertado, etc….todos elementos de los cuentos tradicionales de aquella cultura
    Y el mismo autor actuando como el relator de los antiguos, preguntándonos a cada rato qué le queremos preguntar para que continúe la narración…No sé cada vez veo más a Mandanipour sentado en una esquina de la calle contándome este cuento….pero me cuesta leerlo. Quizás no me hubiera costado tanto escucharlo!

    • Idoia, tengo que confesar que con ese enfoque nuevo tuyo, la historia que ese libro explica, adquiere algo de sentido para mí. Sí, tienes razón, escucharla tomándome un té especiado y muy caliente, en un café en penumbra, creo que hubiese sido agradable… El otro día Amalio (ese socio que algún día espero que se pase por aquí) me contó que dio un taller en el que los asistentes diseñaban una librería y yo comenté que una de las cosas en las que me gusta pensar para relajarme, es en cómo sería mi librería ideal, la que montaré un día si me toca esa lotería a la que no juego 🙂 : sin duda tendrá un espacio para que la gente aprenda a leer en voz alta… Tenemos a una nueva socia que es experta en eso, que pena que Patricia se haya incorporado después de este libro, nos hubiese dado una opinión interesante… pero creo que sí, Idoia, que has dado en el clavo, ¡es una historia para que te la cuente otro, no para que la leas tú!
      Por cierto… nunca es tarde si la dicha es buena… pero me han machacado vilmente estos tres, con tanto culto a la pavisosa de Sara y tanto enano y tanta gaita… 😉

  5. fvernalte

    Ya sabéis que a mí me ha gustado el libro, pero estoy con Francesca en que el comentario de Idoia es una interpretación muy interesante del libro.
    El taller de Amalio debió estar muy bien, y si os interesa podéis leerlo aquí:
    http://www.amaliorey.com/2011/02/25/design-thinking-en-bilbao-post-221/
    Por lo demás, qué sería del mundo si todo fuera uniforme???, que unas veces nos guste el libro y otras no es lo normal, y los comentarios de los soci@s siempre son divertidos, por ejemplo, en esta ocasión los de Francesca con la pavisosa -para otros guapísima- Sara:-)

Utzi erantzun bat

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