Una historia iraní de AMOR

En todo amor hay por lo menos dos seres, y cada uno de ellos es la gran incógnita de la ecuación del otro. Eso es lo que hace que el amor parezca un capricho del destino, ese inquietante y misterioso futuro, imposible de prever de prevenir, de conjurar, de apresurar o detener. Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en última instancia, dar libertad al ser: esa libertad que está encarnada en el Otro, el compañero en el amor.

Zygmunt Bauman (“Amor líquido”)


Una historia de amor es el hilo conductor de este viaje. A estas alturas ya habréis comprobado que éste no es un libro de amor. Los de mi gremio diríamos… Contiene [espacio] : [espacio] Historia de amor. No tiene la suficiente fuerza para sustentar el argumento, y mucho menos la suficiente pasión como para llegar a transformarse en fantasía en nuestra cabeza, que al fin y al cabo es el objetivo de los relatos de amor y/o eróticos. Es más, en ningún caso quisiera yo ser Sara, y ¿encontraría a alguien que quisiera ser Dara?… no lo creo.

Podría decir ahora que esto ocurre porque es la historia de un amor prohibido, secuestrado,  y disertar un rato sobre lo difícil que es el amor en estas circunstancias. Pero, la verdad, es que, como historia de amor, decepciona. Incluso me pregunto si realmente Sara quiere a Dara.

–  Se me ocurrió…

Es la respuesta más sabia e irónica que puede salir de labios de una mujer iraní (pág. 375)



Sara llega a decir que cree que Dara está obsesionado. Aparece Simbad y con él la duda, la cual pretende discernir descubriendo cual de los dos le quiere más, Dara enloquece. Sara afirma quererle, pero también afirma que es como todos los demás, y de repente parece decidida a renunciar a todo y casarse con Simbad, sólo si éste ayuda a Dara a salir de manos de la policía. Me debato continuamente entre dos opciones, en unas páginas creo que hay mucho de escritor resentido y poco de amor, y en otras me parece una historia de amor real, mucho más real que las de Danielle Stelle…

La suerte o desgracia de los amantes es que rápidamente se olvidan de su suerte o de su desgracia (pág. 313)


Por último sólo decir que la cita que abre el post, de Zigmunt Bauman, me parece una preciosa descripción del placer y el miedo que el inevitable amor provoca en las personas, desatando una oleada de sentimientos, reacciones, vivencias y carencias… que si bien residen fundamentalmente en nuestro cerebro, pueden afectar al cuerpo de manera temible. Pero si la cita tuviera que ser de mi cosecha y relacionada con Irán y con nuestro libro, sería algo más parecido a esto:

¿Bailas?

¿Bailar? ¿Estás loco? Bailar está prohibido, incluso la palabra “bailar” está prohibida.

–  Ah! emmm… entonces de follar ni hablamos, ¿no?

23 comments

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  2. Querida Karmele, hay pocos autores cuyas citas puedan resistir la comparación inevitable que surge al colocarlas junto a una de Zygmunt Bauman… Mandanipour tampoco resiste eso… y Bauman y su manera de entender el amor en estos tiempos (pero también en los de “antes” y seguramente en los de “después”) salen siempre victoriosos de cualquier confrontación dialéctica.
    Las personas somos seres difíciles de comprender, porque seguramente estamos construidos a base de contradicciones… yo misma, no soy mitómana y adoro a Bauman, suscribo todas y cada una de las frases de “Amor Líquido”… no sé si has hecho bien mencionando aquí ese libro que, aún siendo un ensayo, ensombrece cualquier historia de amor que uno pueda imaginar, porque al leerlo, siempre creemos descubrir otra historia… la nuestra.
    Que por cierto, yo aquí había entrado a hablar de “Una historia iraní…”, pero es que me tentáis… 🙂

    • Karmele Aguayo

      Quizá haya que llevarlo a “Libros libres”, pero se lo merece, siempre que hable de amor hablaré de Bauman, no de Mandanipour. Aunque no me negarás que el panorama que pinta Bauman a veces, también es desolador… ¿no corren buenos tiempos para el amor?… pues no tenemos otros…

  3. He llegado a la página cien del libro de Mandanipour (lo conseguí hace poco después de jugar un rato al gato y al ratón entre las estanterías de varias librerías) y he leído todos los comentarios de las tres sesiones que lleváis en la SL. Lo primero que tengo que decir es que ni punto de comparación en cuanto a interés. Mucho más apasionante y profundo el debate en la SL que la novela de Mandanipour, a quien he tomado una antipatía que no puedo con él, hasta verlo en la solapa me molesta, estoy a punto de tapar su foto con un postit. Es decir, me siento a leer y no disfruto, ni emocional ni intelectualmente. Eso sí, los pocos destellitos de belleza, lucidez o verdad que hay en el libro han sido oportunamente recogidos por Karmele. ¿Vais a hablar de Dara, de Sara? ¿No os parece que no tienen realidad? Que todo es inconsistente, vaporoso. Creo que Mandanipour cae en su propio juego metaliterario hasta el extremo de destruir su propio artefacto de ficción, de modo que solo se le ve a él jugando con las palabras.
    Cada vez que termino un capítulo, pienso: lo dejo, esto es una pérdida de tiempo. Cada vez que leo a Karmele, cambio de opinión: habrá que seguir. Así que, aquí sigo. ¿Qué podemos buscar?

    • Karmele Aguayo

      Muchas gracias Enrique, de verdad!! Puedes pasar al paraiso, no hace falta que sigas leyendo. Para la página 100 has descubierto quizá, una de las (dos) grandes razones de que me haya dejado huella este libro, no es fácil de explicar, a ver si lo consigo:

      Es obvio que Irán me atrae. Mi primera y lejana vocación fue la Historia, y a pesar de que colgué la carrera, algo siempre queda. En mi, queda la obsesiva búsqueda de procesos que se repiten, el empeño en convencer de que es más inteligente aprender de la experiencia ajena que de la propia… La historia de Irán es la de un gafe al que siempre sale el tiro por la culata y para más inri, cree en fantasmas (dioses). “Es” necesario darla a conocer, y casualmente y precisamente este mes, de revoluciones árabes.

      Y también me atrae descubrir un pueblo especialmente creativo: cine, fotografia, caligrafia, literatura… (dado lo que se juegan)

      Pero la razón que nos ocupa: no es que este libro sea una buena representación de la literatura iraní, para nada. Es que me parece original en la ejecución (línea!), y en su conjunto logra algo accesible a no tantos (bingo!), transmitir lo mismo que dice. Ese agobio que te ha entrado, es quizá lo agobiante de vivir en Irán. No es lo mismo que decir “-Es agobiante vivir en Irán. -Pues vale.”

      Yo pensaba que era exceso de admiración por Sadeq Hedayat, y entonces leí “La lechuza ciega” y vi que la confusión (korapilo diríamos mejor aquí) de ideas le permite describir el producto de la mente “yonqui” del protagonista, pero bien combinado con preciosas descripciones. Creo que toma de ahí la idea, aunque Hedayat quizá sea mejor). Por eso decía lo que Mandanipour enloquece al tiempo que sus personajes, hacia el final la línea entre imaginación y realidad cada vez se difumina más, y acabas el libro pensando que no te has enterado bien del final.

      Me recuerda mucho a Kundera, del que me regalaron un libro, “La identidad”, tendría yo unos 18 años, me impactó y me tiré a leer todo lo que encontré del autor. Hasta que un día dije, creo que me estoy volviendo pesimista y creo que es culpa de Kundera, nunca más! Y no he vuelto a leer nada más suyo, pero la admiración por esa conexión lograda, queda.

      Todo esto son paranoias mias, basadas únicamente en mis impresiones, pero en una época de gran producción literaria, inundada de novelas de intriga que se aceleran al final, de historias demasiado redondas donde puedes hasta sacar el esquema con el que el autor comenzó el libro… éste me ha sorprendido.

      Y así al oido, solo porque leyeseis el párrafo que dedica a Danielle Stelle, ha merecido la pena obligaros a leerlo, jejeje

      • El párrafo que dedica a Danielle Stelle, con todos mis repetos a sus lectoras y lectores, es lo más!

        A mi me ha gustado muchísimo el libro. Yo veo que la historia de amor que es el hilo conductor entre los capítulos es tan solo un pretexto para contar más, mucho más, sobre Irán de una manera que a mi personalmente me ha parecido muy original. Hay quien escribe novela histórica, ahora estoy leyendo “La mujer que leía demasiado”, hay quién escribe ensayo… la elección de Mandanipour es otra de las opciones, un tanto experimental quizás,de hablar sobre la historia, cultura y tradiciones de un país.

        Saludos!!

    • idoiallano

      🙂 Pues Enrique a mí me pasa un poco lo mismo. El libro me aprisiona y Karmele me lo transforma con su apasionamiento en una necesidad…Sigo pues! La verdad es que he mirado varias veces la foto de la solapilla de la cubierta para verle al autor porque no lo descubro ni en su libro ni en su foto así que como asidero sólo me queda Karmele!!

      • Karmele Aguayo

        Diagnóstico: pasión crónica… 😛

      • fvernalte

        Tengo algún conocimiento que otro sobre el mundo árabe, y además hace tiempo leí un libro “Mapas para amantes perdidos” del escritor paquistaní Nadeem Aslam. También de amor y prohibiciones religiosas, pero bueno lleno de pasión y etc., aunque es de esos libros que te revuelven el estómago por la crueldad la historia.
        Pues, bien, con esta novela de Mandanipour yo me había quedado con el título a medias, o sea, “una historia de amor iraní”, además del cambio entre el sustantivo y el adjetivo había borrado de golpe el resto del título lo relativo a “censura”. Así que estaba empeñada en que en algún momento habría algo de amor, pero bueno, ya a estas alturas sé que no, que sólo es un juego metaliterario del escritor para hablar de la censura iraní.
        Creo que lo que menos importa en esta novela son los personajes, que son meras excusas para que el autor pueda seguir su propio discurso.
        En el otro post dije que el ambiente a veces me resulta asfixiante. Pero bueno, guiada por Karmele y su pasión crónica iré avanzando hasta el final de la novela, que podría haber sido perfectamente un ensayo.

      • No estoy de acuerdo con fvernalte, y menos todavía conmigo mismo. He leído el capítulo titulado ‘Prefiero ser un gorrión a ser una serpiente’ y me ha gustado mucho. Empiezo a ver la novela que ha visto Karmele. Ya he quitado el postit que tapaba la cara del autor. Sara y Dara van al cine y están tan cautivados por la película que olvidan que nunca han estado tan cerca uno del otro. A la salida van andando juntos en silencio, sin hablar porque el corazón late deprisa y la voz les temblará. Hasta que ella pregunta ‘¿Qué debemos hacer?’ y el contesta: ‘No lo sé, pregúntaselo a nuestro destino’. Y reza para que su destino no esté en manos de un escritor cobarde, mezquino y censurado’. Creo que en esa escena (pág. 135) sí está todo el propósito del autor y el desarrollo de los personajes y la historia bien combinado y resuelto. Ya no me parece que ese constante recurso literario de Mandanipour sea gratuito. Creo que la historia adquiere, con ese punto de vista elegido por el autor, una calidad poética que llena de fuerza a los personajes. Por eso no creo, como dice fvernalte, que sea más importante la censura que el amor, ni que todo sea un juego metaliterario. Luego toda la escena del encuentro con el anciano poeta, que le vende un libro antiguo a cambio de su pañuelo, es emocionante y desgarradora, lo mismo que la escena siguiente en la mezquita, donde “los dos creen que tan espiritual marco contribuirá a mantener la pureza de su amor”, y donde se encuentran con el fantasma del viejo poeta enamorado. Ese personaje, lo mismo que el del vendedor de hechizos, ¿qué creéis que significan? (¿Qué crees tú, Francesca, experta en fantasmas? Yo no termino de entenderlo, pero mientras disfruto con su belleza poética, como cuando dice al final de ese capítulo que “las gotas de lluvia que caen sobre Teherán llevan el polvo de los desiertos cercanos y el hollín de los coches destartalados; hacen caer al suelo el polvo de las alfombras voladoras…”

      • fvernalte

        Sabes, Enrique, creo que es cierto que la pág. 135 es una buena página de la novela. Cuando leí el capítulo del gorrión y la serpiente y el de “te amo, pero no quiero volver a verte” me pareció que ya entrábamos en la historia de amor, y, de hecho, toda esa parte es la que más me ha gustado hasta ahora -y no porque sea de amor, jajaja-. Pero….
        En fin, no voy a ser espoiler,así que hago como el autor, puntos suspensivos. Me alegro que te guste, así disfrutas más de la lectura. Yo sigo esperando que el final me sorprenda.

      • Karmele Aguayo

        Mejor respondo en otro comentario, que al final van a salir las letras en fila india…

  4. Karmele Aguayo

    Mandanipour juega mucho al simbolismo con los personajes, y a mi me gusta el juego.

    El vendedor de hechizos podría ser perfectamente un personaje de Las mil y una noches. De hecho, el enano jorobado, que me tenía intrigada porque ya me ha aparecido en más de un libro, creo que también lo es. He descubierto un cuento en el que muere un enano jorobado y diferentes personas creen haberlo matado: “Historia del jorobado con el sastre, el corredor nazareno, el intendente y el médico judío; lo que de ello resultó, y sus aventuras sucesivamente referidas

    El poeta enamorado podría ser Hafiz, porque si hay un enamorado en la poesía persa, es él. Quizá todos los poetas estén enamorados…

    Personalmente, de este personaje , hay algo que me llama más la atención. Cuando quiere cambiarle el libro por el pañuelo y ella se lo da, y de repente Mandanipour nos lo presenta como un viejo salido. La transgresión de las normas, la belleza oculta, el enfado de Dara… la censura también está ligada al erotismo, no os parece?

  5. fvernalte

    Sabes, Karmele, todavía estoy en duda si Sara quiere a Dara o no. Pero veo que el libro ha dado un gran giro, me gusta la rebeldía de Sara, cuando siente como que los dos hombres le quieren dominar, o recrimina a los iraníes que sólo se preocupan de ponerles o quitarles el pañuelo a las mujeres. Cuando Mandanipour se olvida de la censura la historia se vuelve más ágil, bueno, es normal!.
    Por cierto, además del contexto histórico en el que estamos leyendo el libro, acaban de premiar la película iraní: ‘Nader y Simin, una separación’ en la Berlinale:
    http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20110220/cultura/cine-irani-arrasa-berlinale-20110220.html

    • Karmele Aguayo

      He visto esta mañana que ha arrasado, sí. Las críticas la ponen bien, pero el argumento parece un poco soseras, habrá que verla. Por cierto, estoy a punto de conseguir Mujeres del Cairo, al fin!

      • fvernalte

        Sí, parece que lo mejor debe ser la interpretación femenina, y creo que no eran actrices profesionales. Cuando consigas la de “mujeres del Cairo” pásamela, no la veo por ninguna parte y me apetece verla.

  6. He acabado el libro… en realidad lo acabé y no dije nada… ¿qué podía decir? Es descorazonador comprobar que todos sois capaces de ver algo que a mí me está vedado… No entiendo la poesía de ese libro, tal vez porque no la quiero entender. Es cierto que no comprendo demasiado el mundo oriental, pero tampoco comulgo con la América profunda y puedo emocionarme con Faulkner… no sé qué es lo que chirría ahí… qué es lo que hace que no pueda creerme esa historia y por tanto sea incapaz de disfrutarla. No quiero que el amor sea así, tal vez porque sospecho que para una gran parte del mundo lo es… me siento frágil ante una cultura tan… ¿apabullante?
    Nos llevan una ventaja de siglos, los visigodos retrasaron un montón nuestra inmersión en el mundo de los sentidos y, quizá sea eso, quizá lo que me haya pasado es que el libro habla de un sentimiento tan sutil que se me escapa y pone en evidencia la delicadeza que me falta para percibir un amor que vosotros veis, pero que a mí me sabe a poco… a poquísimo… casi a nada…

    • Karmele Aguayo

      Yo tampoco he encontrado una gran historia de amor entre personas, pero sí la de Mandanipour con su pais, y con la literatura… me temo que habrá que conformarse

    • fvernalte

      Francesca, creo que no se trata de sutilidad, sino, simplemente de censura. Es algo que para nosotros los occidentales se hace casi incomprensible, pero es así. Y en este caso, además, tratándose de Iran, Mandanipour lo tiene aún más difícil… Cómo escribe una historia de amor si una pareja ni siquiera puede pasear tranquilamente por un parque!.

      • Karmele Aguayo

        eso es!! grandes historias de amor cuando la distancia se mide en kilometros, pero es imposible cuando la distancia se mide en centimetros!! #paradoja

      • Supongo que se trata de averiguar si es posible el amor en una sociedad tan absurda y asfixiante. Para mí está claro que el amor es tan grande que triunfa en las circunstancias más adversas. ¡Pero si hasta el censor se enamora de Sara! Y yo también. Ha sido una hermosa historia.

      • ¡Por Dios!… ¡qué pastelosos os habéis puesto todos!… pues nada, josmíos… aquí os quedáis que yo me voy con Fitzgerald, que lo entiendo mejor 😉

    • El amor es exactamente así en todas partes, Francesca. Eso ha sido lo maravilloso del libro. Tú lo has dicho: ese casi nada es el amor. ¿Qué otra cosa podía ser?

Utzi erantzun bat

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